Reflexionando sobre nuestros hábitos alimenticios: ¿Comemos por hambre o por costumbre?
Actualizado: hace 13 horas
Hay cosas que hacemos tantas veces que dejamos de preguntarnos por qué las hacemos. Llega el sábado y aparece el aperitivo. Vienen amigos y sacamos embutido, patatas y algo de beber. Terminamos de comer, estamos llenos… pero tomamos postre. Hemos tenido un día horrible y, por la noche, buscamos algo dulce. Vamos de excursión y parece que el bocadillo tiene que ser siempre el mismo. No pensamos demasiado en ello.
Es lo normal. Pero, ¿alguna vez te has preguntado: ¿Que algo sea habitual significa que sea saludable? Evidentemente, no. Y tampoco significa que tengamos que dejar de celebrar, de salir con amigos o de disfrutar de la comida. La cuestión es otra: entender cuánto de lo que comemos responde realmente al hambre y cuánto responde a todo lo que rodea a la comida.
A veces no estamos comiendo por hambre
Imagina esta situación. Son las diez de la noche. Has cenado hace un rato. Te levantas del sofá, vas a la cocina y abres el armario buscando chocolate. ¿Por qué? La respuesta automática sería: “Porque me apetece.” Pero, ¿es tan sencilla esa respuesta? Siempre digo: CONÓCETE Y QUIERTE.
Quizá estás cansado. Quizá has tenido un día complicado. Quizá buscas cinco minutos de placer. Quizá llevas años tomando algo dulce a esa hora. Quizá estás aburrido. O, tal vez, sí tienes hambre. No se trata de prohibir el chocolate. Se trata de empezar a distinguir una cosa de otra. Porque cuando reconocemos qué necesitamos realmente, tenemos mucha más capacidad para decidir qué hacemos después.
Nuestro entorno también decide por nosotros
Hay otra situación que, como yo, es posible que hayas vivido. Pides algo saludable y alguien te responde: “¡Pero mujer, por un día no pasa nada!” Curioso, ¿verdad? Nadie suele pedir explicaciones a quien pide unas patatas fritas. Pero a veces sí tiene que justificarse quien decide cuidarse. Y ahí vemos hasta qué punto algunas costumbres relacionadas con la comida se han convertido en normas sociales. Y no hablo de estar delgado u obeso. Hablo de QUERERSE.
Celebrar parece implicar comer MÁS. El fin de semana parece necesitar una alimentación diferente. Recibir invitados parece exigir determinados alimentos. Y terminar una comida sin postre parece casi dejarla incompleta. Pero, ¿quién decidió todo eso?
“Antes comía igual y no engordaba”
Esta frase aparece muchísimo a partir de cierta edad. Y puede ser verdad. Lo que ocurre es que tu cuerpo tampoco es exactamente el mismo. Con los años, pueden cambiar nuestra masa muscular, nuestra actividad diaria, el descanso, las hormonas, la composición corporal e incluso la manera en la que organizamos nuestras comidas. Especialmente durante la perimenopausia y la menopausia, muchas mujeres empiezan a notar cambios que antes no estaban ahí. Pero también ocurre en los hombres. Por eso, intentar mantener exactamente las mismas costumbres de hace veinte años y esperar exactamente la misma respuesta del cuerpo no siempre funciona. No significa que haya que comer poquísimo. Significa que necesitamos entender mejor lo que está pasando.
Y luego está el cansancio
Dormimos cinco horas. Nos levantamos deprisa. Desayunamos cualquier cosa. Trabajamos todo el día. Comemos como podemos. Llegamos a casa agotados. Y a las nueve de la noche tenemos unas ganas tremendas de comer algo dulce, salado o simplemente muy apetecible. Entonces pensamos: “No tengo fuerza de voluntad.” Pero, ¿quizá estamos mirando únicamente el último eslabón de una cadena mucho más larga? NO SE TRATA SOLO DE FUERZA DE VOLUNTAD, SE TRATA DE CONOCERTE.
Sueño, estrés, actividad, horarios, hambre acumulada, entorno y hábitos están conectados. Nuestra alimentación no vive aislada del resto de nuestra vida. Y esto es importante porque cambia completamente la manera de buscar soluciones.
Esta semana prueba una cosa
No cambies toda tu alimentación. No elimines alimentos. No empieces una nueva dieta. Simplemente observa. La próxima vez que vayas a comer algo fuera de tus comidas habituales, pregúntate: ¿Tengo hambre o estoy buscando otra cosa? Y cuando llegue una situación que repitáis siempre —el aperitivo, el postre, el picoteo, el dulce nocturno— hazte otra pregunta: ¿Lo estoy eligiendo o simplemente lo estoy repitiendo?
Puede parecer poca cosa. Pero empezar a cuestionar aquello que hacemos de forma automática cambia mucho más de lo que parece. Porque cuidarse no debería significar apartarse de los demás ni dejar de disfrutar. Quizá solo necesitamos construir otra forma de normalidad.
Reflexionando sobre el futuro
En la próxima entrada, vamos a empezar por una situación muy concreta: cuando tenemos que comer fuera de casa. Y veremos que llevar algo saludable no significa vivir de una triste ensalada en un táper. Precisamente sobre todo esto vamos a hablar en un próximo EVENTO. Un encuentro cercano y práctico para parar, observar nuestros hábitos y entender por qué comemos como comemos. Si te interesa participar, puedes consultar toda la información en el apartado “Eventos” del blog. NOS VEMOS CARA A CARA EL 7 DE SEPTIEMBRE.
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