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Comer después de los 40

hace 3 días
4 min de lectura

Siempre hemos oído que la alimentación es importante. Y que el ejercicio también lo es.

Pero todos los días me encuentro con personas que, en realidad, no terminan de comprender hasta qué punto ambas cosas condicionan nuestra salud.

Y esta es la realidad: si realmente lo entendiéramos, probablemente no habría tantas personas con problemas de hipertensión, colesterol elevado, diabetes tipo 2 o con un deterioro de la salud asociado a un envejecimiento poco saludable.

Decimos que sí, que sabemos que hay que comer bien y hacer ejercicio.

Pero muchas veces, en realidad, es que no.

Y tampoco creo que sea culpa, en general, de las personas.

Creo que muchas veces no se ha explicado bien.


Soy investigadora y científica, pero además trabajo cada semana con personas reales dando clases de ejercicio. Llevo más de 20 años combinando ambas partes: la investigación y la práctica. Y precisamente por eso me gusta hablar de promoción de la salud.

Porque existe un problema importante: la sociedad no conoce realmente muchos de los avances de la ciencia.

En muchos aspectos, lo que sabemos desde la investigación va muy por delante de lo que termina llegando a la población. Hoy tenemos muchísima información. Pero tener mucha información no significa tener buena información. Todo el mundo parece saber de todo:

“Mi amigo me ha dicho que andar de puntillas no es bueno.”

“He leído que hay que comer muchísima proteína.”

“En Instagram he visto una dieta milagrosa. Ya verás qué bien te va.”

“En YouTube he encontrado una clase de gimnasia súper divertida y además se suda muchísimo.”

Podría seguir.

Y algunas de estas personas tienen miles o incluso millones de seguidores. Pero quiero que te hagas una pregunta:

¿Te has parado a pensar si esa persona realmente sabe lo que está haciendo?

¿Se ha preparado para ello?

¿Tiene formación suficiente para aconsejar sobre alimentación, ejercicio o salud?

Porque tu cuerpo es tu mayor tesoro.

Si tu salud falla, lo demás deja de importar.

Y, sin embargo, a veces ponemos nuestro cuerpo en manos de una dieta milagrosa o de una rutina cuyo principal mérito es hacernos sudar.

Y hacer sudar a alguien es bastante fácil.

Que una rutina sea divertida también puede estar muy bien.

Pero eso no significa necesariamente que sea adecuada para ti.

Reflexiona.

Y cuidado: no estoy diciendo que no existan buenos profesionales. Los hay, por supuesto. Lo que digo es que debemos aprender a ser críticos. No creernos todo.

Cuando vas a comprar una colonia, un pantalón o cualquier otra cosa, probablemente comparas, preguntas, miras la calidad y decides.

Pero ¿y con tu cuerpo?

¿Y con tu salud?

¿Todo vale?

Reflexiona.

Y dicho esto, quiero que a partir de aquí veamos la alimentación desde otra perspectiva.

Porque la alimentación no es simplemente importante. Es imprescindible. Y voy a decir algo alto y claro:

No creo en las dietas como solución.

¿Por qué?

Porque las dietas se terminan.

Y cuando algo se plantea como temporal, muchas veces termina abandonándose.

Con frecuencia se entregan dietas estándar: el lunes pollo con verduras, por la noche ensalada, el martes esto, el miércoles aquello…

Y durante un tiempo haces un esfuerzo enorme. Lo sigues. Pierdes peso. Pero muchas veces no has aprendido realmente qué estás haciendo ni por qué. Y entonces llega un momento en el que, por mucha voluntad que tengas, vuelves a tus hábitos anteriores. Y con frecuencia vuelve también el peso.

¿Te ha ocurrido alguna vez?

Y además hay otra pregunta importante:

¿Esa dieta te estaba haciendo realmente más saludable?

No siempre lo sabemos.

Porque alimentarse bien no consiste simplemente en seguir una lista de platos.

Para empezar, no necesita comer igual un hombre que una mujer, una persona de 30 años que una de 50 o una de 70.

Y tampoco tienen las mismas necesidades dos personas de la misma edad si su actividad física, composición corporal, hábitos, enfermedades, medicación o estilo de vida son diferentes. Por eso el objetivo no debería ser seguir una dieta. El objetivo debería ser crear una forma de vida.

Aprender a alimentarte.

Aprender a nutrirte.

Aprender qué necesita tu cuerpo.

Y, sinceramente, al menos durante un tiempo, creo que merece la pena ponerse en manos de un buen profesional. Pero también aquí te diría que seas exigente. Si simplemente te entrega una dieta cerrada que te dice exactamente qué tienes que comer cada lunes, martes, miércoles y jueves, sin explicarte nada más, yo me plantearía si ese es realmente el enfoque que necesitas.


Porque un buen acompañamiento debería ayudarte a:

  1. Conocerte.


    Entender tus hábitos, tus horarios, tus necesidades y tu forma de vida.

  2. Comprender cómo funciona la alimentación.


    No solo decirte qué tienes que comer, sino explicarte por qué.

  3. Dar tiempo a tu cuerpo y a tu mente para adquirir nuevos hábitos.


    Los hábitos no cambian de un día para otro.

  4. Aprender poco a poco a combinar los alimentos.


    Entender qué necesitas y cómo puedes organizarlo tú misma en situaciones diferentes.

Quizá tardes algo más en perder peso. Es posible. Pero lo que aprendas puede acompañarte toda la vida. Porque habrás dejado de depender de un papel que te dice qué comer. Habrás aprendido realmente qué significa alimentarte bien y nutrirte bien.

Y habrás empezado a entender cuáles son tus necesidades para mantener energía, fuerza, capacidad funcional y salud. Y aquí aparece la otra parte que muchas veces tratamos por separado: la alimentación y el ejercicio están profundamente relacionados.

No tiene demasiado sentido cuidar una parte y olvidar la otra. Comer bien ayuda a proporcionar al organismo los nutrientes y la energía que necesita. Entrenar fuerza y movilidad ayuda a mantener la función muscular, el sistema nervioso, el movimiento, la coordinación y la autonomía. Por eso, cuando hablamos de envejecimiento saludable, alimentación y ejercicio no deberían verse como dos temas distintos. Forman parte del mismo objetivo:

mantener capacidad, autonomía y calidad de vida durante el mayor tiempo posible.

Y ahora quiero hacer algo diferente.

El próximo post será únicamente de preguntas y respuestas sobre alimentación.

Así que te invito a que me dejes tus dudas.

Las más sencillas, las más complicadas, las que llevas años escuchando y nunca has tenido claras.

Pregunta.

Porque entender lo que hacemos es el primer paso para poder cambiarlo.

 
 
 

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