Picoteo saludable en terrazas: qué pedir y cómo elegir

Quedar y comer es casi un deporte nacional. Y no tenemos por qué cambiarlo. Es una forma de socializar, de disfrutar con nuestros amigos y de compartir nuestro tiempo. Y más ahora en verano, cuando apetece sentarse en una terraza, ya sea en la playa, en la montaña o en la ciudad.
Pero ¿realmente nos damos cuenta de lo que introducimos en nuestro cuerpo? ¿Sabemos qué nos aporta? ¿Podemos elegir mejor o tenemos que quedarnos sin comer?
Cuántas preguntas. Vamos por partes.
La mayoría de las personas no es consciente de lo que significa comerse unas patatas bravas, unos calamares a la romana o unas gambas rebozadas.
Yo misma comí ayer patatas bravas. Un día, de vez en cuando, no pasa nada. Las comí porque me apetecían y las disfruté. El problema es que muchas veces repetimos este tipo de picoteo con más frecuencia de la que creemos.
¿Y qué estamos comiendo realmente?
La patata aporta hidratos de carbono, potasio y algo de fibra. Pero cuando se fríe absorbe aceite y acaba teniendo muchas más calorías y grasa que una patata cocida o asada.
Por eso una ración de patatas bravas que compartimos y terminamos casi sin darnos cuenta puede contener muchas más calorías, grasa y sal de las que imaginamos.
Con los calamares y las gambas ocurre algo parecido.
El calamar y la gamba son alimentos que aportan proteínas, vitamina B12 y minerales. Pero cuando los cubrimos con harina y los freímos, absorben aceite. Al final, también estamos comiendo el rebozado, el aceite y la sal.
No es lo mismo pedir unas gambas a la plancha que unas gambas con gabardina. Ni unos calamares a la plancha que unos calamares a la romana. El alimento es el mismo, pero lo que terminamos introduciendo en nuestro cuerpo es muy diferente.
Y normalmente no comemos solo una cosa.
Pedimos unas patatas, unos calamares, unas gambas rebozadas, un poco de pan y varias salsas. Vamos comiendo mientras hablamos y, como todo está en el centro de la mesa, perdemos fácilmente la cuenta de cuánto hemos comido.
A esto añadimos una cerveza o una copa de vino. ¿Es así, no? Pienso que normalmente sí.
Entonces, ¿tenemos que quedarnos sin comer mientras los demás disfrutan?
Claro que no.
En los bares hay otras opciones y cada vez encontramos más. Podemos pedir gambas a la plancha, boquerones en vinagre, sardinas, mejillones al vapor, berberechos, pulpo, sepia a la plancha, o una ensalada de tomate.
Las gambas, los boquerones, las sardinas o los mejillones nos aportan proteínas, vitamina B12 y diferentes minerales. Además, los boquerones y las sardinas contienen grasas omega-3.
Podemos pedir unas gambas, unos boquerones, una ensalada de tomate.
No consiste en dejar de comer. Consiste en elegir.
Y tampoco consiste en sustituir tres raciones de fritura por cinco platos diferentes y seguir comiendo sin parar. Podemos tomar un par de boquerones, unas gambas, un poco de ensalada.
Porque hemos quedado para pasar un rato agradable con nuestros amigos, hablar, reírnos y disfrutar de nuestro tiempo. No para comer, comer y comer hasta terminar bien llenos.
Cuando juntamos patatas fritas, rebozados, salsas, pan, cerveza o vino, podemos consumir en una sola comida muchísimas calorías, grasa y sal. Después podemos sentirnos pesados, con sueño y sin ganas de movernos.
Lo peor, es que está bastante normalizado.
Y ahora en verano este tipo de comidas se repite varias veces por semana, por lo que podemos acabar tomando habitualmente más calorías de las que nuestro cuerpo necesita. Con el tiempo, esto puede favorecer el aumento de peso, la obesidad, la diabetes, la hipertensión y otros problemas cardiovasculares.
No ocurre porque ayer yo comiera unas patatas bravas.
Ocurre cuando repetimos este tipo de picoteo constantemente sin darnos cuenta de lo que estamos comiendo.
Podemos seguir quedando, disfrutando de las terrazas y compartiendo comida con nuestros amigos. Solo tenemos que ser un poco más conscientes, elegir lo que realmente nos apetece y entender que para disfrutar no necesitamos obligarnos a comer o terminar llenos. Tenemos que aprender a querernos. Comer por comer, ya te digo que no es quererse. Y cuidado, que aprender a quererse, lleva su proceso, pero en algún momento debemos comenzar.
La comida forma parte del encuentro, pero lo verdaderamente importante es el momento y las personas con las que lo compartimos.
Aprende a quererte, comienza ahora, no el lunes.
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