Mioquinas: la "medicina" que fabrica tu músculo

Hace unos tres años, durante una de mis conferencias, hablé sobre las Mioquinas. Es posible que alguna de las personas que estuvieron allí todavía recuerde una de las diapositivas.
En ella aparecía una caja de pastillas con una palabra escrita: MIOQUINAS.
Y entonces les dije algo parecido a esto:
“Imaginad que existiera un medicamento capaz de ayudarnos a controlar la glucosa, facilitar el uso de las grasas, participar en la reducción de la grasa visceral, regular la inflamación, coordinar la respuesta inmunitaria, reparar y regenerar el músculo, favorecer el mantenimiento de la masa muscular, mejorar la función de las mitocondrias, conectar el músculo con el hueso, favorecer la circulación, coordinar al músculo con el hígado, comunicarse con el páncreas y el intestino, participar en el control del apetito, contribuir a la salud cerebral, favorecer el mantenimiento de la piel, participar en la protección de otros órganos y crear un entorno menos favorable para algunas células tumorales”.
Son muchas cosas. Parece magia.
Pues bien: LAS FABRICA NUESTRO PROPIO CUERPO CUANDO SE CONTRAEN LOS MÚSCULOS.
No tenemos que pedir una receta y tampoco cuestan dinero. Para ponerlas en marcha necesitamos algo muy sencillo y al mismo tiempo, muy poderoso: mover nuestros músculos.
Con aquella imagen quería mostrar el enorme potencial que tiene el ejercicio y que muchas veces desconocemos.
¿Qué son las Mioquinas?
Las Mioquinas son pequeñas proteínas que producen y liberan las fibras musculares.
Podemos imaginarlas como mensajes. Algunas trabajan dentro del propio músculo, ayudándolo a adaptarse y repararse. Otras pasan a la sangre y pueden comunicarse con el tejido adiposo, el hígado, el páncreas, los huesos, los vasos sanguíneos y, posiblemente, también con el cerebro.
Por eso, el músculo es mucho más que una estructura que nos permite caminar, levantarnos o cargar peso, que bastante es ya. Actualmente también se considera un órgano secretor, capaz de comunicarse con el resto del organismo.
Se han identificado más de 650 posibles Mioquinas, aunque la ciencia todavía sigue investigando cuál es la función exacta de muchas de ellas en los seres humanos.
Mis alumnos me han oído decirlo muchas veces. Y también lo he comentado aquí, en el blog, y en Instagram: nuestro cuerpo necesita moverse durante todo el día.
La clase de 45 minutos es importante, pero también lo es todo lo que hacemos después.
Además, podemos repartir el ejercicio en distintos momentos del día.
Imagina que por la mañana haces una sesión de fuerza, vuelves del trabajo caminando a buen ritmo y, más tarde, limpias la casa con energía.
Has dado a tus músculos varias oportunidades para contraerse y enviar señales al organismo.
Cada actividad produce una respuesta diferente, pero todas suman movimiento, reducen el tiempo sedentario y vuelven a activar esa comunicación muscular.
Fuerza por la mañana, una caminata a buen ritmo y movimiento durante las tareas cotidianas: tus músculos llevan todo el día produciendo y enviando mensajes. Entre ellos, las Mioquinas.

¿Cómo pueden ayudarnos?
Las Mioquinas participan en algunos de los efectos más importantes del ejercicio:
Favorecen la entrada de glucosa en el músculo y ayudan a mejorar su utilización.
Estimulan el uso de las grasas como fuente de energía.
Participan en la regulación de la inflamación.
Intervienen en la reparación, conservación y crecimiento muscular.
Contribuyen a la comunicación entre el músculo y el hueso.
Pueden favorecer la función de los vasos sanguíneos.
Se investiga su participación en la memoria, el aprendizaje y la salud cerebral.
Una de las más estudiadas es la IL-6. Durante el ejercicio aumenta de forma rápida y transitoria y ayuda a movilizar energía. También estimula la producción de sustancias con efectos antiinflamatorios.
¿Qué ejercicio activa las Mioquinas?
Principalmente, es el ejercicio de fuerza el que estimula su producción.
No hace falta buscar un ejercicio especial llamado “entrenamiento de Mioquinas”. Cada vez que utilizamos nuestros músculos con una intensidad adecuada durante aproximadamente 20 minutos, comenzamos a producirlas.
Aquella caja de pastillas tenía un mensaje
Las Mioquinas no son un medicamento, aunque aquella caja me permitió explicar de una forma muy visual algo que sigo considerando importante:
Dentro de nuestros músculos existe una auténtica farmacia natural que se activa con el ejercicio físico.
La medicación resulta imprescindible cuando está indicada. Al mismo tiempo, el ejercicio nos proporciona una herramienta propia, accesible y capaz de mejorar muchos aspectos de nuestra salud.
Cada caminata a buen ritmo, cada sentadilla con carga y cada ejercicio de fuerza hacen mucho más de lo que vemos desde fuera.
El músculo se contrae, sí, pero también se comunica. Envía mensajes, activa procesos y ayuda a cuidar todo el organismo.
Aquella caja de Mioquinas nunca estará en la farmacia. La llevamos dentro y se abre cada vez que hacemos ejercicio de fuerza.
Quiérete.



Comentarios