Me voy de vacaciones: ¿qué alimentos tengo prohibidos?
- rodrigovisa72
- 20 jul
- 4 min de lectura




Hace poco, una persona a la que estoy ayudando a cuidarse y a quererse más me contó que se iba de vacaciones a su ciudad natal para visitar a su familia.
Lo está haciendo realmente bien, aún está en un proceso de autoconocimiento pero, está aprendiendo a alimentarse de otra manera, a escuchar su cuerpo y a elegir aquello que le ayuda a sentirse con más energía. Sin embargo, este viaje le preocupaba. Volvería a encontrarse con unas costumbres alimentarias familiares que ya no coinciden del todo con las suyas y temía que mantener sus nuevos hábitos le supusiera demasiado esfuerzo.
Lo veía casi como una prueba de fuego:
—¿Y si me paso?—¿Y si como algo que no debería?—¿Y si pierdo todo lo que he conseguido?
Mi respuesta fue clara: no lo plantees como “me he pasado” ni como una lista de alimentos prohibidos.
No se trata de prohibir, sino de comprender
Cuidar la alimentación no significa vivir contando cada alimento ni pensar que, si un día tomas un helado, has hecho algo mal.
Tampoco significa renunciar a las comidas familiares, rechazar todo lo que te ofrecen o sentirte culpable después de disfrutar de algo diferente.
Significa comprender que tu cuerpo necesita alimentos que le aporten energía y nutrientes. Especialmente a partir de cierta edad, nuestra alimentación influye en cómo nos sentimos, cómo nos recuperamos, cómo mantenemos nuestra musculatura y cómo afrontamos las actividades cotidianas.
Por eso, antes de actuar por costumbre o por impulso, puede ser útil detenerse unos segundos y preguntarse:
¿Qué me aporta esta comida?¿Cómo me hará sentir después?¿La estoy eligiendo porque realmente me apetece o porque “hoy toca”?
No es necesario responder siempre de la manera perfecta. Se trata de empezar a tomar decisiones más conscientes.
“Hoy es un día especial”
En vacaciones, cumpleaños, santos y celebraciones aparece con frecuencia una idea muy arraigada:
“Como hoy es un día especial, puedo comer hasta no poder más.”
Pero disfrutar no exige terminar con pesadez, sueño, dolor de estómago o malestar.
Puedes probar una comida tradicional, compartir un postre o tomar un helado. Una elección aislada no define tu alimentación. El problema aparece cuando cada comida de las vacaciones se transforma en una excepción y dejamos de escuchar por completo las señales del cuerpo.
Hay platos sabrosos, atractivos y especiales con los que también podemos disfrutar sin sentirnos mal después. Cuidarse no significa comer de forma triste o aburrida. Significa ampliar nuestras opciones y descubrir que lo saludable también puede ser rico, bonito y compartido.
La comida no tiene que ser siempre un premio
Otra persona a la que también estoy acompañado —y que igualmente está haciendo un trabajo excelente— relacionaba con frecuencia la comida con los premios:
—Es mi santo, me merezco una gran comilona.—Estoy muy estresada; ahora comeré lo que sea y ya volveré a cuidarme.—He trabajado mucho, así que hoy me lo he ganado.
Cambiar estas asociaciones después de muchos años no es sencillo. Incluso cuando comprendemos la teoría, necesitamos tiempo para convertirla en una nueva forma de vivir.
Sin embargo, precisamente cuando atravesamos una época de estrés o cansancio, nuestro cuerpo necesita más atención, no menos. Necesita comidas suficientes y variadas, hidratación y alimentos que ayuden a cubrir nuestras necesidades de proteínas, vitaminas y minerales.
Cuando estás mal, tu cuerpo no necesita que lo castigues ni que lo abandones con comilonas saturadas de comida que no aportar nada bueno a tu cuerpo. Necesita más cuidado y más cariño.
Y si es tu cumpleaños o tu santo, disfruta con las personas que quieres. Celebra, conversa, ríe y comparte la mesa. Pero recuerda que también puedes demostrarte que te quieres eligiendo una comida con la que disfrutes y, al mismo tiempo, te sientas bien.
También se puede celebrar de otra manera
El día de fin de curso llevé a mis alumnos algunos aperitivos saludables. No pude preparar muchos porque son casi trescientas personas y lo hice sola, pero quería mostrarles algo importante:
la comida y la bebida pueden ser saludables, sabrosas y visualmente bonitas al mismo tiempo.
Celebrar no está reñido con cuidarse. No es obligatorio elegir entre disfrutar o comer bien. Podemos hacer ambas cosas cuando buscamos alternativas y dejamos de repetir automáticamente lo que siempre hemos hecho.
Dentro de poco compartiré algunas recetas sencillas y atractivas. La idea no será crear otro menú “de dieta”, sino ofrecer opciones que apetezca preparar, compartir y comer.
Vacaciones sin prohibiciones y sin abandono
Cuando te vayas de vacaciones, no necesitas cargar con una lista de alimentos prohibidos.
Tampoco necesitas pensar que durante esos días “todo vale” y que ya lo compensarás al regresar.
Puedes mantener algunas de tus rutinas, adaptarte a las comidas familiares, probar algo especial y seguir tomando decisiones que te ayuden a sentirte bien.
Antes de elegir, hazte una pregunta sencilla:
¿Estoy actuando desde el cuidado o simplemente desde la costumbre?
No siempre tomarás la misma decisión, y no pasa nada. Pero hacerte la pregunta ya cambia la manera de relacionarte con la comida.
Las vacaciones no tienen que ser una prueba de fuego. Pueden ser una oportunidad para comprobar que tus nuevos hábitos no son una obligación pasajera, sino una forma de cuidarte que también puede acompañarte cuando cambian los horarios, el lugar y las personas con las que compartes la mesa.
No busques hacerlo perfecto. Busca elegir desde el cariño y el respeto hacia tu cuerpo.
¿Qué es de lo que más disfrutas y te hace sentir bien? ¿Aún no lo sabes?
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