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Mucho más que "estirar un músculo" (parte 1)

Actualizado: 11 ene

Cuando pensamos en estiramientos, solemos imaginar un movimiento simple para alargar un músculo tenso. Sin embargo, estirarse va mucho más allá de eso. El estiramiento no solo implica el músculo, sino también el sistema nervioso, la movilidad articular y la coordinación del cuerpo. Es un proceso integral que busca armonizar cómo se mueven y se comunican los tejidos, no simplemente “forzarlos” a ser más flexibles.

Diversos estudios han demostrado que los estiramientos pueden mejorar la flexibilidad, la activación muscular y la coordinación, favoreciendo un movimiento más eficiente y una mejor percepción corporal. Sin embargo, sus efectos no dependen únicamente del músculo: también intervienen factores menos conocidos, como la tensión neural, es decir, el grado de movilidad y adaptación de nuestros nervios durante el movimiento.

Además, es importante entender que no todas las zonas del cuerpo necesitan ser estiradas ni se debe estirar en todo momento. En ocasiones existen regiones con hiperextensión o exceso de laxitud, y forzar su estiramiento puede resultar contraproducente. Estirar por estirar no es beneficioso; lo esencial es encontrar la

armonía, reconocer qué estructuras necesitan liberarse, cuáles requieren fortalecerse y, sobre todo, cuándo y cómo hacerlo. Solo así el estiramiento se convierte en una herramienta inteligente para mejorar la función, prevenir lesiones y mantener el equilibrio global del cuerpo.

Pero vayamos por partes. La tensión neural es el estado en el que un nervio se estira o comprime más allá de su rango normal. A diferencia del músculo, el sistema nervioso no es elástico, pero sí tiene la capacidad de deslizarse y adaptarse con cada movimiento que realizamos. Cuando este deslizamiento se ve limitado —por una postura mantenida, una lesión o un proceso inflamatorio—, el nervio puede irritarse y generar síntomas como dolor irradiado, hormigueo, sensación de tirantez o limitación de movimiento. Es lo que comúnmente ocurre, por ejemplo, en una ciatalgia, donde el nervio ciático pierde su movilidad y produce dolor que baja por la pierna.

Por ello, cuando realizamos estiramientos, no solo estamos “aflojando” músculos, sino también movilizando nervios y tejidos conectivos (El tejido conectivo es el “pegamento” y la “estructura” del cuerpo. Rodea y conecta cada músculo, es el tendón, ligamento, tejido adiposo…). Gracias a él, el cuerpo mantiene su forma, puede moverse y resistir las fuerzas del día a día.


Hoy en día es común escuchar que “no es bueno estirar” o que “ya no se debe estirar”, pero esta afirmación no es del todo cierta. Más que eliminar el estiramiento, lo que necesitamos es entenderlo mejor y saber cómo hacerlo. Para aprovechar realmente sus beneficios, primero debemos comprender la relación entre movilidad, flexibilidad y fuerza, tres cualidades que trabajan en conjunto, aunque no significan lo mismo. Durante mucho tiempo se ha transmitido la idea de que “más estiramiento siempre es mejor”, como si el simple hecho de alargar un músculo de manera repetida garantizara mejores resultados. Sin embargo, la realidad es más compleja. La efectividad del estiramiento no depende solo de la cantidad, sino de la calidad, la técnica y la adaptación a cada persona. Tradicionalmente, muchas rutinas se limitaban a un único tipo de estiramiento por grupo muscular, pero hoy se reconoce que existen múltiples formas de estirar, cada una con un propósito específico.

Elegir la técnica correcta requiere tener en cuenta factores como la movilidad articular, la flexibilidad muscular, la tensión neural y la estabilidad. Un estiramiento bien realizado mejora la función del músculo y del sistema nervioso, reduce tensiones innecesarias y prepara el cuerpo para moverse de manera eficiente y segura, mientras que un exceso o una técnica inadecuada puede ser contraproducente. Por eso, la clave está en encontrar un equilibrio, saber qué estirar, cómo y cuándo, en lugar de simplemente hacer más repeticiones o mantener posiciones prolongadas sin criterio.

La flexibilidad es la capacidad de los músculos y tejidos blandos para estirarse y adaptarse al movimiento.

La movilidad, por su parte, es algo más amplio: se trata de cómo se mueve una articulación, combinando la flexibilidad del músculo con el control y la coordinación del cuerpo.

Finalmente, la estabilidad es la que permite aprovechar ese movimiento de forma eficiente y segura, evitando sobrecargas o lesiones.


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Por eso, un estiramiento efectivo no consiste simplemente en alargar un músculo, sino en educar al cuerpo para moverse mejor, integrando flexibilidad, control y equilibrio muscular. Cuando se realiza de forma consciente y adaptada a las necesidades de cada persona, el estiramiento se convierte en una herramienta fundamental para mejorar la función y el bienestar global del cuerpo.

. La ciencia respalda los beneficios del estiramiento y su papel en el cuidado de la espalda y del movimiento en general. Estudios como el de Shamsi y colaboradores (2022) muestran que cuando aparece dolor lumbar, el cuerpo tiende a aumentar la rigidez muscular. Esto ocurre porque ciertos receptores nerviosos se activan para proteger y estabilizar la columna. Aunque es un mecanismo natural de defensa, esa rigidez mantenida puede terminar generando más tensión y malestar.

En este sentido, el estiramiento se convierte en una herramienta muy útil: ayuda a disminuir la tensión excesiva, mejora la comunicación entre el sistema nervioso y los músculos y favorece que el cuerpo se mueva con más libertad y menos dolor. Pero claro, se debe saber que estirar y cómo, no estirar por estirar sin saber que se estira.

De manera complementaria, un metanálisis reciente (Takeuchi et al., 2023) confirmó que realizar entrenamientos regulares de estiramiento puede reducir la rigidez muscular y aliviar el dolor lumbar. Esto ocurre porque el estiramiento no actúa solo sobre el músculo, sino también sobre la fascia y otros tejidos conectivos del cuerpo, estructuras ricas en terminaciones nerviosas que influyen directamente en la percepción del dolor. Al mejorar la elasticidad y el deslizamiento de estos tejidos, se reduce el estrés sobre los receptores nerviosos y, con ello, la sensación de molestia.

Ahora bien, no todos los estiramientos son iguales ni deben hacerse en cualquier momento.

Diversos autores han propuesto diferentes métodos para mejorar la calidad del movimiento y optimizar la función del cuerpo, más allá del simple estiramiento. Entre ellos destacan:

• Respiración diafragmática: consiste en inhalar y exhalar utilizando principalmente el diafragma, lo que ayuda a relajar la musculatura profunda del tronco, mejorar la postura y favorecer la coordinación entre respiración y movimiento.

• Rodillo de espuma (foam rolling): técnica de auto-masaje que aplica presión sobre los músculos y la fascia para liberar tensiones, mejorar la circulación y facilitar el deslizamiento de los tejidos.

• Movilización de tejidos blandos asistida por instrumentos: se emplean herramientas específicas para trabajar músculos y fascia, ayudando a reducir adherencias y mejorar la flexibilidad y movilidad del tejido.

• Movilidad articular: ejercicios dirigidos a mover las articulaciones a través de todo su rango funcional, con control y precisión, promoviendo movimientos más fluidos y seguros.

En resumen, estirarse no es simplemente alargar un músculo, sino una forma de reeducar el movimiento. Es conectar con tu cuerpo, mejorar la relación entre tus músculos, nervios y articulaciones, y preparar el terreno para una movilidad libre, estable y sin dolor. Estirar con conciencia es invertir en calidad de movimiento y bienestar duradero.

En las próximas publicaciones continuaremos explorando este tema, profundizando en las diferentes estrategias para mejorar la movilidad y en las varias formas de realizar estiramientos de manera efectiva y segura.

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