top of page

Dolor de espalda : no aparece por un mal gesto, aparece por años de malos hábitos


Muchas veces pensamos que el dolor de espalda aparece porque un día hicimos un mal gesto: cogimos una bolsa de forma incorrecta, nos agachamos mal, dormimos en mala postura o levantamos peso sin pensar.

Pero, en la mayoría de los casos, esto no funciona así.

Un gesto concreto puede ser el momento en el que aparece el dolor, sí, pero muchas veces ese dolor viene preparándose desde mucho antes. Durante meses o años, nuestro cuerpo ha ido repitiendo posiciones, compensaciones y movimientos poco adecuados hasta que un día la espalda dice: “hasta aquí”.

Y ahí está una de las claves: la espalda no solo se sobrecarga cuando hacemos ejercicio o cuando cogemos peso. La espalda también se sobrecarga mientras comemos, caminamos, esperamos en una fila, estamos de pie en una parada de metro, escribimos en el ordenador, miramos el móvil o nos sentamos en el sofá...

Por eso es tan importante hablar de higiene postural.

Pero ¿qué es realmente la higiene postural?

La higiene postural no es simplemente “sentarse bien” o “agacharse con la espalda recta”. Es mucho más que eso. Es la forma en la que organizamos nuestro cuerpo en cada momento del día: cómo colocamos la pelvis, cómo apoyamos los pies, cómo usamos las rodillas, cómo activamos el abdomen, cómo sostenemos la cabeza, cómo cargamos peso y cómo nos movemos en las actividades cotidianas.

En realidad, la higiene postural es educación corporal aplicada a la vida diaria.

Y aquí aparece un problema importante: muchas personas no saben qué es realmente. Algunas reconocen directamente que no lo saben. Otras creen saberlo, pero lo reducen a ideas muy simples y equivocadas, como “ponte recta”, “no te encorves” o “siéntate bien”. Sin embargo, la higiene postural no es ponerse rígido ni vivir pendiente de una postura perfecta o aparentemente perfecta. Es aprender a moverse y colocarse con más conciencia, más control y menos sobrecarga.

¿Por qué lo digo con tanta claridad? Porque es mi especialidad. Porque llevo años trabajando e investigando sobre higiene postural, ejercicio físico y movimiento. Y porque cuando observas cómo se mueve la gente en la vida real, te das cuenta de algo muy evidente: el problema está en todo lo que repetimos cada día sin darnos cuenta.

Durante años caminamos de una manera, nos sentamos de una manera, cargamos siempre del mismo lado, bloqueamos las rodillas al estar de pie, adelantamos la cabeza al mirar el móvil, dejamos caer la pelvis al sentarnos, respiramos mal, no activamos el abdomen y hacemos tareas cotidianas con muy poca conciencia corporal.

Y claro, eso tiene consecuencias.

Hoy nos centramos en la espalda, pero la realidad es que una mala organización corporal mantenida en el tiempo puede influir también en cuello, hombros, caderas, rodillas y en la forma general de movernos.

Por eso, cuando hablamos de dolor de espalda, no deberíamos quedarnos solo en “me duele” o “me he hecho daño”. Deberíamos preguntarnos:

¿Cómo me muevo cada día?¿Cómo me siento?¿Cómo camino?¿Cómo me coloco cuando estoy de pie?¿Cómo cojo peso?¿Cómo hago ejercicio?¿Cómo organizo mi cuerpo cuando no estoy pensando en él?

Porque la postura no es algo que se corrige cinco minutos al día. La postura se educa. Se entrena. Se integra. Se convierte en una forma de moverse.

A veces me preguntan ¿Se arregla haciendo ejercicio físico? No se trata solo de hacer ejercicio físico. Se trata de hacer ejercicio físico teniendo en cuenta la higiene postural, de esto hable la semana pasada.

¿Qué pensarías si te dijera que una parte importante de las molestias de espalda podrían prevenirse, reducirse o gestionarse mejor si tuvieras conocimientos reales sobre higiene postural y los aplicaras tanto en el ejercicio como en tu día a día?

No hablo de soluciones mágicas. No hablo de corregir una postura y que todo desaparezca. Hablo de educación, de conciencia corporal, de fuerza, de movilidad, de control y de constancia.

Porque tu espalda no necesita que vivas con miedo a moverte. Necesita que aprendas a moverte mejor.

Primero la posición.

Luego el ejercicio.

Primero el control.

Luego la intensidad.

La higiene postural no debería ser algo que recordamos solo cuando nos duele la espalda. Debería formar parte de nuestra forma de vivir, de entrenar y de cuidar nuestro cuerpo cada día.

Quérete 💛

 
 
 
bottom of page