¿Es mejor caminar despacio o caminar rápido?
- rodrigovisa72
- hace 13 minutos
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Ahora que ya estamos en verano y, en muchos casos, tenemos algo más de tiempo libre, también aparecen más oportunidades para caminar.
Quizá te apetece hacer una excursión por la montaña, pasear por la playa, conocer una ciudad nueva o, simplemente, salir a caminar a primera hora de la mañana o al final de la tarde, cuando el calor empieza a darnos un poco de tregua.
Así que hoy vamos a hablar de caminar.
Pero no solamente de si caminar es bueno o malo, porque creo que eso ya lo sabemos: caminar, por lo general, aporta muchas cosas buenas a nuestro cuerpo.
Hoy quiero ir un poco más allá.
Quiero preguntarte algo:
¿Es mejor caminar despacio o caminar rápido?
Si me lo preguntaras a mí, te respondería que haría las dos cosas.
Y, de hecho, es lo que hago.
Cuando salgo a caminar, comienzo normalmente a un ritmo más tranquilo. Dejo que el cuerpo se vaya poniendo en marcha, que las piernas empiecen a moverse y que la respiración se adapte.
Pero después, en algún momento del recorrido, acelero.
No necesito correr. Simplemente camino más rápido, con un paso más decidido, hasta notar que mi respiración aumenta y que mis piernas tienen que trabajar un poco más.
¿Por qué lo hago así?
Porque caminar despacio y caminar rápido no aportan exactamente lo mismo.
Caminar tranquilamente te permite disfrutar del paisaje, mantenerte en movimiento durante más tiempo, hablar con la persona que tienes al lado o, simplemente, despejarte.
Y todo eso es importante.
Pero cuando aumentas la velocidad, aunque sea solamente durante unos minutos, tu cuerpo tiene que responder de otra manera.
El corazón trabaja un poco más, la respiración aumenta y los músculos de las piernas necesitan producir más fuerza y más energía para que puedas avanzar con mayor rapidez.
Y hay algo más que quizá no sabías.
La velocidad a la que caminamos se utiliza en distintas pruebas para valorar la capacidad física y funcional, especialmente a medida que cumplimos años.
No se trata de ver quién llega primero.
Se mide porque caminar con cierta rapidez necesita que muchas partes de nuestro cuerpo trabajen de forma coordinada: los músculos, el equilibrio, la respiración, el corazón y el sistema nervioso.
Por eso, la velocidad de la marcha puede aportar información sobre el estado físico, la autonomía e incluso el riesgo de fragilidad.
Sí, algo tan cotidiano como caminar puede decirnos mucho más de lo que imaginamos.
Esto no significa que una persona que camina despacio esté necesariamente enferma, ni que caminar rápido garantice una vida más larga.
Significa que conservar la capacidad de acelerar cuando lo necesitamos es importante para tu salud.
Y esas capacidades también se entrenan.
Por eso, la próxima vez que salgas a caminar, prueba a observarte.
¿Caminas todo el tiempo al mismo ritmo?
Puedes comenzar tranquilamente y, cuando ya lleves unos minutos, aumentar la velocidad durante un rato. Después vuelves a bajar el ritmo y continúas caminando.
No necesitas mirar continuamente el reloj ni seguir un programa complicado.
Puedes elegir una referencia sencilla: caminar rápido durante el tramo en el que sabes que el terreno es seguro.
Eso sí, utiliza un calzado adecuado, evita acelerar si llevas mucho peso y, en verano, elige las horas más frescas.
Y escucha a tu cuerpo.
Caminar rápido debe exigirte un poco más, pero no debe hacer que te marees, que sientas dolor o que pierdas el control del movimiento.
Entonces, ¿qué es mejor: caminar despacio o caminar rápido?
Yo me quedo con las dos opciones.
Camino despacio para disfrutar, para mantenerme en movimiento y para alargar el paseo.
Pero siempre intento caminar rápido en algún momento, porque quiero que mi cuerpo siga siendo capaz de responder cuando le pido un poco más.
Ahora te toca a ti.
La próxima vez que salgas a caminar, fíjate en tu ritmo.
¿Caminas siempre igual o también aceleras en algún momento?



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